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domingo, 18 de julio de 2010

Benedicto XVI: "El fútbol une a través de un objetivo común"


En un artículo publicado en L’Osservatore Romano, titulado “Cuando Ratzinger escribía sobre fútbol”, se recordaba no hace mucho, con motivo de la celebración del Mundial Sudáfrica 2010, una reflexión del entonces cardenal y ahora Papa Benedicto XVI, quien en 1985 publicaba un texto recogido en el libro "Suchen was droben ist" (Buscar lo de arriba) y que por su interés en el momento de alegría que experimenta nuestro país por el triunfo de su selección traemos a la consideración de nuestros lectores, por gentileza de la agencia ACI.

En el texto de referencia, titulado “El juego y la vida: sobre el campeonato mundial de fútbol”, está tomado de la revista Humanitas de la Universidad Católica de Chile, y en él el entonces cardenal Ratzinger señalaba que “con su periodicidad de cuatro años, el Campeonato Mundial de Fútbol demuestra ser un acontecimiento que cautiva a cientos de millones de personas”.

El ahora Papa Benedicto XVI señalaba a continuación que, en su opinión, “la fascinación del fútbol estriba esencialmente en que (…) obliga al hombre ante todo a disciplinarse, de modo que, por el entrenamiento, adquiera la disposición sobre sí mismo, por tal disposición superioridad, y por la superioridad libertad”.

El fútbol, prosigue, enseña a la persona “la cooperación disciplinada: como juego de equipo, el fútbol lo obliga a un ordenamiento de lo propio dentro del conjunto. Une a través del objetivo común; el éxito y el fracaso de cada uno están cifrados en el éxito y el fracaso del conjunto”.

“Finalmente, el fútbol enseña un enfrentamiento limpio en que la regla común a la que el juego se somete sigue siendo lo que une y vincula aun en la posición de adversarios y, además, la libertad de lo lúdico, cuando se desarrolla correctamente, hace que la seriedad del enfrentamiento vuelva a resolverse y desemboque en la libertad del partido finalizado”.

El ahora Romano Pontífice señala que haciendo una sencilla comparación al mirar un partido de fútbol, “los jugadores pasan a ser símbolos de la propia vida. Eso mismo actúa retroactivamente sobre ellos: saben, en efecto, que las personas se ven representadas y confirmadas a sí mismas en ellos”.

Luego de advertir que toda esta aproximación se puede “pervertir por un espíritu comercial que somete todo eso a la sombría seriedad del dinero”, el entonces cardenal Ratzinger resaltaba la importancia de la libertad humana que vive “de la regla, de la disciplina que aprende el actuar conjunto y el correcto enfrentamiento, el ser independiente del éxito exterior y de la arbitrariedad, y de ese modo llega a ser verdaderamente libre”.

“El juego, una vida: si profundizamos, el fenómeno de un mundo entusiasmado por el fútbol podrá ofrecernos más que un mero entretenimiento”, concluye

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